Y bien... me he puesto en campaña de recolección de firmas para inscribir la candidatura de Pamela. No llevo muchas y tampoco me queda mucho tiempo para poder dedicarle más horas a la labor tan necesaria :( Sin embargo, a una buena parte de la no muy grande cantidad de personas a quienes he solicitado su firma algo les parece extraño y fuera de lugar... '¿Qué estudios tiene la Pamela Jiles?'
Bien, sucede que hay algunos que no votarían por Jiles simplemente porque es "sólo" una periodista. Yo, luego de intentar recitar algunos hitos de la trayectoria de Pamela, recibo por respuesta 'Ya... ¿pero y qué estudios tiene?... si es periodista no más'. La verdad es que no pretendo hacer una apología de la labor periodística ni de sus ejecutores (no quiero casarme con una tesis que no sé si podría eventualmente defender... sobre todo actualmente); pero sí me deja dudas sobre qué buscan algunos electores en sus candidatos.
Al parecer, hay gente que se siente cómoda y tranquila cuando quienes los gobiernan (destaca el carácter pasivo en esta oración) tienen estudios en renombradas universidades, ostentan largos años de posgrado y que tienen tarjetas impresas con el nombre de alguna universidad estadounidense. Esta situación es capaz de provocar una relajación involuntaria de esfínteres en algunos de los idólatras y caudillistas tan comunes en Chile.
Pero, ¿qué grandes cambios y progresos ha logrado esta "casta de iluminados"?, ¿ha logrado una ampliación progresiva de la democracia?, ¿ha logrado hacer de la dignidad humana algo más que una frase pomposa para repetir en vacíos discursos?, ¿tuvieron éxito los iluminados en los luengos años en que han mantenido el poder, hacer de la igualdad un derecho exigible concretamente en todo ámbito social?... un momento, ¿no han hecho lo contrario?, ¿no defienden, precisamente, lo contrario?
El concepto mismo de mantener una cohorte de "superdotados" en el poder nos habla de una mantención cíclica de las desigualdades cuando el acceso a la educación es deficiente y parcial y de una meritocracia (este término no es aplicable a la realidad chilena) que fomenta la competencia salvaje y despiadada, que al final termina por generar una sociedad neurótica y ensimismada (veamos a Japón, por ejemplo). Además, cuando partimos de la base de los "iluminados chilenos", se nos devela el producto de las diferencias astronómicas en materia de educación con respecto a los ingresos: precisamente quienes mantienen cargos de poder son las familias más adineradas de Chile, quienes una y otra vez han impuesto sus reglas (y hecho ocultos arreglines) para que su descendencia pueda fácilmente, teniendo o no la capacidad, acceder a estos cupos educacionales, para luego poder transformarlos, "canjearlos", en convenientes cuotas de poder. Sí, porque un magíster encandila la vista al joven que habiéndose esforzado terminó ganado el sueldo mínimo, o a la mujer mapuche que no sabe por qué le es tan difícil encontrar un trabajo que le permita más que subsistir, o a la estudiante de colegio municipal de Pudahuel que sabe que tendrá que trabajar más doce horas diarias de cajera o reponedora lo quiera o no. Encandilará la vista a los arribistas endémicos, sí, pero encandilará sobre todo a la ya prostituida señora Juanita, a quien toda su vida le han dicho que es una estúpida y que debe confiar su voto y su voluntad de poder al candidato con más estudios, con más tickets de vuelo a Estados Unidos y con uno de los más honorables apellidos de la angosta faja de tierra.
No pretendo descalificar a quienes creen en la opción -y tal vez disfruten- de los grados académicos. Para mí la señora Juana, la señora Puta y el Weón Ese no son los imbéciles que las grandes -de grandes tienen poco- cúpulas han tratado de hacerme creer. Yo creo en el poder realmente popular y en que algún día el pueblo entrará en La Moneda y que bailará cueca y reggaetón en las anchas alamedas. Espero que se acerque con el triunfo de Jiles en las presidenciales.
martes, 14 de abril de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
Maní
Ayer vi un documental en un canal europeo. Trataba sobre un filólogo judío que, durante el ascenso del nazismo y la segunda guerra mundial, hacía un estudio a través de un diario de vida de las palabras y conceptos más usados por los altos mandos y por la prensa autorizada del nacionalsocialismo; daba, además, cuenta de la difícil situación que vivía desde el bando semita y de las aberraciones del Reich contra éste.
Bueno, realmente no puedo comparar mi situación con la de este autor -lo cual es un alivio-, pero sí puedo rescatar la idea del diario de vida... sobre todo ahora que decidí participar en algo de complicada y difícil consecución: el triunfo de Pamela Jiles Moreno en las elecciones presidenciales de este año en Chile.
Después de haber declarado estas intenciones a mi círculo cercano ya tengo medianamente claras las dudas que la candidatura -y más que nada mi apoyo a ésta- suscita: '¿Qué?', '¿la Pamela Jiles?', '¿en serio?', 'me estái güeviando', 'no creo que pueda', etcétera. Sin embargo, y acallando a mis propias incredulidades, que si bien pequeñas existen, opté por creerme el cuento y seguir adelante. Desde ahora, no me cuestionaré el hecho del triunfo de Pamela... simplemente no me importa.
No me importa, porque no está entre mis opciones votar por la derecha, sea en cualquiera de sus dos versiones: Concertación, picante y con efectos secundarios tales como mitomanía y bipolaridad; o la Alianza, densa, añeja y con efecto laxante (te hace cagar).
No me importa, porque pongo en duda el tema del mal menor, y porque critico la influencia que ha tenido en la construcción de un país con los sistemas de manejo de la derecha estadounidense (importan directamente sus ejecutores) vendiéndole a las personas que viven bajo un gobierno de izquierda.
No me importa, porque tampoco votaré en esta ocasión por un conglomerado de partidos que, como dijo Pamela, se muestra abierto de piernas con tal de conseguir un par de cochinos cupos legislativos, ya que sus dirigentes se aburrieron de sentir envidia por el sueldo fácil y sobreinflado que se gana en este poder.
Por eso, y otras cosas que tal vez ni yo mismo tenga claras, decidí que cuando me pregunten '¿y tú crees que la Pamela va a ganar?' responderé con toda franqueza que sí. '¿Estás seguro?'... Sí, y si no... maní.
Bueno, realmente no puedo comparar mi situación con la de este autor -lo cual es un alivio-, pero sí puedo rescatar la idea del diario de vida... sobre todo ahora que decidí participar en algo de complicada y difícil consecución: el triunfo de Pamela Jiles Moreno en las elecciones presidenciales de este año en Chile.
Después de haber declarado estas intenciones a mi círculo cercano ya tengo medianamente claras las dudas que la candidatura -y más que nada mi apoyo a ésta- suscita: '¿Qué?', '¿la Pamela Jiles?', '¿en serio?', 'me estái güeviando', 'no creo que pueda', etcétera. Sin embargo, y acallando a mis propias incredulidades, que si bien pequeñas existen, opté por creerme el cuento y seguir adelante. Desde ahora, no me cuestionaré el hecho del triunfo de Pamela... simplemente no me importa.
No me importa, porque no está entre mis opciones votar por la derecha, sea en cualquiera de sus dos versiones: Concertación, picante y con efectos secundarios tales como mitomanía y bipolaridad; o la Alianza, densa, añeja y con efecto laxante (te hace cagar).
No me importa, porque pongo en duda el tema del mal menor, y porque critico la influencia que ha tenido en la construcción de un país con los sistemas de manejo de la derecha estadounidense (importan directamente sus ejecutores) vendiéndole a las personas que viven bajo un gobierno de izquierda.
No me importa, porque tampoco votaré en esta ocasión por un conglomerado de partidos que, como dijo Pamela, se muestra abierto de piernas con tal de conseguir un par de cochinos cupos legislativos, ya que sus dirigentes se aburrieron de sentir envidia por el sueldo fácil y sobreinflado que se gana en este poder.
Por eso, y otras cosas que tal vez ni yo mismo tenga claras, decidí que cuando me pregunten '¿y tú crees que la Pamela va a ganar?' responderé con toda franqueza que sí. '¿Estás seguro?'... Sí, y si no... maní.
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